lunes, 16 de marzo de 2015

Fascismo



Pocas veces una descripción me ha resultado tan clara y tan ajustada a lo que pienso, como así también tan descriptiva de nuestro inefable, inenarrable, indecible corrupto y mafiosos peronismo.
Saludos

Fascismo

El fascismo perdió la guerra en Europa pero la ganó en Argentina. En España el fascismo murió con Franco, en Portugal con Zalazar, en Italia con el Duce, en Alemania con el Führer.
 Por supuesto que quedaron resabios: el neonazismo en Alemania y en Austria; Le Pen en Francia y nostálgicos en todos lados. Aquí, en la Argentina, el general Perón no solo dio asilo a criminales de guerra y jerarcas alemanes, italianos, croatas y franceses; no solo recibió a manos llenas el oro nazi entregado a cambio de impunidad con flamantes pasaportes argentinos, sino que dio nuevos bríos a una ideología perversa, perpetuada en la Argentina gracias a que él sembró el huevo de la serpiente totalitaria.
La palabra fascismo ha sido usada como sinónimo del extremismo de derecha, pero en realidad no reconoce lateralidad; hay fascismo de izquierda y de derecha, porque el fascismo es la prepotencia aplicada a cualquier ideología. El fascismo es la búsqueda del poder hegemónico avasallando a los demás poderes, con violencia, intimidación o simplemente comprándolo.
El fascismo es intolerancia. Es el conmigo o “sinmigo”, el ataúd quemado, “al enemigo ni justicia”, y también es el Congreso convertido en una escribanía, el sometimiento del poder judicial, la persecución mediática, la imposición del relato histórico y la falta de restricciones para “marcar la cancha”.
 Republicanismo, Sra. Presidenta, es justamente “marcar la cancha”.
Fascismo es imponer los precios con un revolver sobre la mesa de negociaciones o repartir guantes de box en una asamblea de accionistas. Fascismo es mentir índices y comprar voluntades con dinero prestado que nadie devuelve.
Entre el fascismo y la corrupción hay una íntima comunión, porque para ser corrupto debe importarte un bledo la persona que tiene en frente.
Cuando se aprovecha de los dineros del Estado en beneficio propio, cuando la obra pública es el medio de enriquecerse y no de agrandar la nación, el fascista culmina su tarea de desprecio.
El fascista usa el dinero de las arcas gubernamentales para comprar voluntades primero con actos discrecionales. Se vuelve populista para perpetuarse en el poder, no porque “ame al pueblo”, ya que maneja a las masas aprovechándose de su precariedad, manipulando su ignorancia, sin intención de elevarla, sólo arrastra el vuelo ramplón y adocenado de una mayoría que maneja a golpes de efecto, con gritos histéricos y escenificaciones montadas con calculado desinterés.
Los fascistas construyen obras monumentales, disfrazan los excesos y de paso con esos edificios faraónicos resaltan la omnipotencia del Estado. La gente se siente intimidada por la magnificencia de la construcción y de esta forma el gobierno fascista domina psicológicamente al hombre común, empequeñecido frente a la omnipotencia edilicia.

La novedad de este fascismo en su variante argentina, es la desmesura en el gasto, porque han aprendido que la fiesta de ellos la pagarán los que siguen. El pueblo sufre una amnesia profunda que le impide distinguir entre víctimas y victimarios. Enfrentados con la adversidad “el pueblo” no se va a percatar que el problema fue el derroche precedente.
En el eterno presente de las masas, la culpa será del que sigue y más de uno dirá “Que bien estábamos con Cristina”. Y así nos va.
Y si esta actitud no se corrige, nos irá peor.
Omar López Mato
Médico y escritor
Su último libro es “Ringo y Joe”
omarlopezmato@gmail.com
www.facebook.com/olmoediciones

En torno a los modelos nórdicos

Por nuestra parte, miramos dos motivos que se encuentran tras algunos de las consecuencias señaladas por Tullock en su ensayo. Estos dos motivos fundamentales son los marcos institucionales y la educación.

Mencionemos muy resumidamente estos dos componentes tan contundentes que se suceden tanto en países nórdicos como en cualquiera que adopte las recetas del “Estado Benefactor”. En ambos casos, en última instancia, se trata de incrustar más clara y frontalmente el saqueo en la política.

Lo primero se refiere a la falsificación de la democracia y monarquías constitucionales convirtiéndolas en cleptocracias. Sin nuevos límites al poder, el sistema puramente electoral y sin el alma del respeto de las mayorías a los derechos de las minorías, se convirtió en una trampa mortal para las autonomías individuales. Con solo levantar la mano en el Parlamento, las alianzas  y coaliciones arrasan con los derechos. En otras palabras, constituye un escándalo pavoroso que la respuesta a tanto desatino consista en quedarse de brazos cruzados esperando la demolición final. Es indispensable pensar en otros controles, por ejemplo, como los que hemos sugerido en base a las propuestas de otros autores.
El segundo punto es tener en un primerísimo primer plano la importancia de la educación. Desde que tengo uso de razón se machaca que ese tema es para el largo plazo y que debemos ocuparnos del presente,  sin percatarse que, precisamente, el presente está movido por los valores y principios que hemos sido capaces de exponer, es decir, la compresión y aceptación de los fundamentos de la sociedad abierta depende de lo que ocurra en el ámbito educativo. Y no es cuestión de declamar sobre las bondades de la educación sino de proceder en consecuencia y poner manos a la obra, sean países nórdicos o no. Es la tarea dura y no saltearse etapas y ocupar cargos políticos que por más que se simule “meterse en el barro” es para la foto y los halagos del poder.

Es imperioso ocuparse de marcos institucionales libres y de la educación en los valores de la sociedad abierta y no estar como los gobiernos venezolanos y argentinos en la búsqueda de enemigos en quienes endosar la responsabilidad de sus fracasos tal como aconsejan hacer autores  totalitarios como Carl Schmitt y Ernesto Laclau para distraer la  atención de los verdaderos problemas y arrear con estrépito a los aplaudidores sin dignidad ni autoestima.

lunes, 2 de marzo de 2015

Declaración Universal y Privada de Derechos Humanos


A todas las personas de buena voluntad del mundo: DECLARACION UNIVERSAL Y PRIVADA DE DERECHOS HUMANOS.

Declaración Universal y Privada de Derechos Humanos
Los firmantes de esta declaración somos personas de todos los rincones del mundo, de cualquier credo, grupo étnico, cultura y nacionalidad. Proclamamos nuestros derechos porque los gobiernos no pueden hacerlo por nosotros ni en nuestro nombre, dado que están todos asociados en muchas de las amenazas contra nuestra libertad. Los derechos se ejercen contra el poder, no es el poder el que los debe definir por más que se quiera vestir de benevolente. Esta es por lo tanto una declaración privada y universal y no taxativa de derechos humanos, la primera en la que no interviene ningún organismo estatal, grupo armado, poder religioso o de cualquier índole.
En nuestro propio nombre declaramos:

1. Toda persona tiene derecho natural al fruto de su propio trabajo, o a lo legítimamente heredado o donado sin fraude. Ello incluye al libre comercio. 
2. Por ende, todo impuesto que grave la propiedad o la renta es contrario al derecho natural y por ende intrínsecamente inmoral. 
3. Ninguna persona tiene por qué declarar ante nadie sus ingresos, ni su origen o el destino.
4. Toda persona es inocente excepto se demuestre lo contrario. Si alguien ha adquirido sus bienes por robo, fraude, dolo, violencia o evasión de los pocos impuestos justos que hubiera (viejo debate), debe ser previamente procesado y recién allí la justicia tiene derecho a inquirir sobre sus bienes y revisar su propiedad. Hasta entonces, toda pregunta coactiva sobre cuándo, cuánto, de dónde o hacia dónde, sobre los bienes propios, en viaje o no, es intrínsecamente inmoral.
5. Dado que el estado sólo es tolerable en tanto sirve a la causa de la justicia, toda persona tiene derecho a discutir en los tribunales de modo amplio la legitimidad de cualquier clase de impuesto, tasa o contribución basándose en que el pago no lo beneficia, sin sufrir represalia alguna.  Cualquier exacción que no se fundamente en la protección del contribuyente, es intrínsecamente inmoral, sin perjuicio de que se pueda discutir la moralidad de la exacción compulsiva en sí y de sus métodos y alcances. 
6. Las relaciones personales, comerciales o de cualquier otra índole privada, no pueden ser afectadas por razones de nacionalidad. Los gobiernos no tienen autoridad sobre los contratos entre personas que no violen derechos concretos de terceros. 
7. Toda persona tiene derecho a entrar, salir o permanecer en su territorio. Las personas privadas tienen derecho a cruzar las fronteras políticas con fines pacíficos. 
8. Todas las personas que violen estos derechos, requisando, preguntando, expropiando y por ende robando bienes o impidiendo el derecho de las personas a circular y establecer vínculos privados pacíficos por razones de nacimiento, nacionalidad, étnicas, religiosas o de cualquier índole colectiva, cometen actos intrínsecamente inmorales y violatorios de esta declaración, lo sepan o no, de los cuales son responsables primarios desde los autores intelectuales de esas legislaciones, el poder ejecutivo que las impulsa, los legisladores que las sancionan, los jueces que las hacen cumplir y todos sus agentes .
9. Todos los que ejecutan y hacen cumplir normas de esa índole son por ende los criminales y delincuentes, y todo aquel que se resiste es el verdadero inocente que se está defendiendo del robo ejecutado por una banda de criminales o de la privación de su libertad personal, sin importar si aquellos pretenden o no representar a la ley con sus actos.
Invitamos a todas las personas del mundo a adherir a esta declaración y a traducirla fielmente a todos los idiomas del universo.

Planeta Tierra, diciembre del año 2013.

Texto: Gabriel Zanotti y otros aportes.