CARTA ABIERTA DEL PUEBLO ARGENTINO AL GENERAL PERÓN
Hay momentos cruciales en que es
mejor, de una vez por todas, poner las cartas boca arriba sobre la mesa. ¿No te
parece que ya es hora de que hablemos claro? De lo contrario podríamos creer
que todavía continúas engañando.
Pues bien: no engañas. Ya no engañas a
nadie. Y menos aún a este pueblo que con tanta falsedad invocas. Porque tu gran
recurso es la palabra “PUEBLO”. Detrás de ella, ¡cuántas miserias ocultas! Es
la bandera que enarbolas en el mástil de tu astucia para distraer la atención
de las mercancías averiadas que abarrotan tus bodegas.
El Pueblo manda, dices. ¿Acaso el
pueblo te ordena que estés rodeado de incompetentes y ladrones? ¿Te pide el
Pueblo que arranques de los niños la fe en Dios que dignifica y la reemplaces
por una adulación a tu persona, que degrada y envilece? ¿Te pide el Pueblo que
le quites jornales de unos salarios cada día más insuficientes, para que tu
efigie de ególatra se levante en mármol, en bronce, en oro, en arcos de triunfo
y en monumentos gigantescos, por todo el ámbito del país?
¿No crees que el Pueblo preferiría que
el cemento empleado para ensalzar tu vanidad sirviera para hacer transitables
las calles de la ciudad, o para evitar que muchos caminos del país sean otras
tantas rutas de muerte? ¿No crees que si hubiera menos mármol en tus estatuas,
y menos dinero en tu cuenta particular en los bancos de Suiza o Nueva York,
podría haber más remedios en los hospitales?
¿Es quizás el Pueblo el que pide que
periódicamente organices atentados y “complots”, exponiendo la vida de pobres
gentes para avivar un poco una popularidad que se extingue? ¿Acaso te pide el
Pueblo que te dirijas como un “padre” a la juventud, y corrompas a tus elegidas
con dádivas fastuosas, propias de las que hacen los gangsters a sus queridas,
mientras sube la vida para el resto de la población, se multiplica el costo de
los teléfonos y el precio de los transportes amenaza irse a las nubes?
NO. Ese “pueblo” que invocas como
bandera no es el pueblo argentino. Es un pretexto para tu sensualidad, una
falsa bandera de pirata.
El verdadero Pueblo es el que no te
permitirá que después de haber sido engañado una vez oyéndote hablar de
soberanía e independencia económica, lo vuelvas a engañar ahora con
persecuciones clericales para disimular la entrega del patrimonio nacional, del
petróleo, del subsuelo del país y de sus lugares estratégicos, con el fin de
mantenerte unos días más sobre un sitial que ya consume la carcoma.
“Son los mismos adversarios de
siempre”, gritas intranquilo al oír estas razones. ¡Cuánto te equivocas! – si
es que en realidad te equivocas… No, no son los mismos. No son los de siempre.
Ahora son todos aquellos que han descubierto tu mentira los que te rechazan. Es
este Pueblo noble que engañaste con palabras aparentemente nobles.
Son los obreros traicionados por una
oligarquía sindical que goza de tu favor en la medida en que aumenta su fortuna
y sus vicios. Son los jóvenes que están dispuestos a demostrarte que su
conciencia no se compra con autos y motonetas, ni su patriotismo se apaga con
carne de prostíbulo. Es toda esa gente honrada del país que tantas veces creyó
que eras sincero cuando hablabas de principios cristianos y de amor a una
Patria que hoy humillas.
Son los hombres honrados que
manifiestan con tristeza su desengaño, porque has llevado lo más oscuro del
hampa a tus diarios para que te canten loas y organicen la mentira como
sistema. Son las mujeres honradas a las que has ofendido dándoles como
representantes en el Parlamento a mujerzuelas rejuntadas en lupanares.
Son los militares dignos, que ven con
vergüenza al más alto uniforme servir como pantalla de todas las bajezas. Es,
en fin, todo el Pueblo Argentino, trabajador y sufrido, honrado y leal, el que
hoy te repudia.
El Primero de Mayo de 1955 murió en la
Plaza de Mayo tu sueño de eterna popularidad y de perpetuo halago de pobre
criatura ensoberbecida. En esa ocasión el Pueblo Argentino hizo presente su
rechazo con su frialdad, con su silencio, y sobre todo con su ausencia.
La Nación entera ha registrado tu
fracaso, y no lo ha de callar. No tiene por qué callarlo. Y ya que te molestas,
según repites, que se predique resignación, no te inquietes esta vez, porque no
habrá tal resignación, tenlo por seguro, de un extremo al otro del país. Porque
el Pueblo Argentino no confunde, como tú, la resignación cristiana que
ennoblece, con la humillación a que tú obligas, valiéndote del miedo y de la
amenaza.
Por lo tanto, te advierte el Pueblo
Argentino, que desde ahora está dispuesto con serenidad y entereza, a salvar el
honor de la NACIÓN, desafiando tu “¡CUIDADO!” de matón en decadencia.
EL PUEBLO
ARGENTINO