La muerte de Nisman deja en un limbo su
investigación, profundiza en la sociedad la sensación de orfandad
institucional e impunidad jurídica y expone al país al descrédito
internacional, ya acentuado con episodios como la reacción de la
administración CFK a los recientes atentados terroristas en París.
¿Qué país o qué empresa extranjera
querría negociar algo con un gobierno de tantos zigzagueos, tan pocos
principios y tan poca credibilidad?
Pero antes de siquiera empezar a
resolver ese problema “hacia afuera”, la Argentina deberá vacunarse
contra la desmemoria, la manipulación y la impunidad. Una cuestión
eminentemente interna.
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