Posted: 17 Jan 2015 01:10 PM PST
Por: Héctor Ñaupari
Fuente: El Instituto Independiente
En estos difíciles momentos, cuando el olor de la pólvora y la
sangre del aberrante atentado de París no se han disipado del todo, resulta
indispensable hallar una respuesta enérgica ante la brutalidad de este crimen,
así como aliviar las repercusiones que este nefasto hecho tendrá en occidente.
Sostengo que es posible evaluar con realismo la magnitud de estos
homicidios si consideramos a la libertad como el bien político más elevado, y
explicar debidamente su significación en los términos de su expresión
intelectual más acabada, el liberalismo. De esta manera, los periodistas y
caricaturistas asesinados en Francia han muerto en nombre de una libertad
insustituible, que nos interpela siempre a quienes habitamos en las sociedades
generadas y nutridas por ella: la de creer lo que mejor les parezca, realizando
sus proyectos de vida en torno a esas creencias y pareceres particulares, y que
se proyectan en los demás en torno a un marco institucional que, respetando y
haciendo respetar al prójimo y sus derechos, no contempla el crimen como
respuesta si tales creencias y su expresión resultan blasfemas a otros.
Así explicado, se intuiría a primera vista que esa visión no
entraña ningún peligro. Pero este acto barbárico nos ha sacado de nuestra zona
de confort. Cual un alarido que no cesa, nos grita de forma rotunda que la
libertad y su solo ejercicio es peligrosa para muchos, que hay millones de
seres humanos convencidos de ello y por ende prefieren –sin dudarlo un
instante– la devota sumisión como la agradecida esclavitud, que no surge
naturalmente, que es resultado de un delicado y paciente trabajo de filigrana,
que en cada momento es posible perderla sin recuperarla o lográndolo a un
altísimo costo y que está permanentemente a merced de quienes, saturados como
están de sus ímpetus autoritarios, van a terminar de una vez y para siempre con
ella mediante una revolución, un golpe de Estado, una corrupción sin freno ni
límite, o, según este caso, ejerciendo el terrorismo como antesala para imponer
un totalitarismo religioso de fervorosos feligreses en lo que alguna vez fuera
una república democrática de ciudadanos libres.
En cuanto es un disparo a sangre fría al corazón de nuestra
libertad, rechazar enérgicamente este acto vesánico es el primero de muchos
pasos para garantizar la supervivencia del estado de derecho y el régimen
democrático en nuestros países. Y no sólo los deben dar los gobiernos que
garantizan nuestra vida y seguridad, persiguiendo, enjuiciando y encarcelando
con el máximo rigor a quienes, como los terroristas de París, tienen como
propósito de vida destruirnos si no comulgamos con su proyecto teocrático.
También, las empresas, los medios de comunicación, los líderes y organizaciones
sociales y culturales, entre otros, que no deben ser presas del pánico y
autocensurarse por temor a la violencia islamista: se volverían rehenes de
estos extremistas, acabarían con la libertad de expresión que tanto costó en
occidente, y que millares han respaldado en calles y plazas estos días, pero
sobre todo deshonrarían el legado de los redactores y caricaturistas de Charlie
Hebdo, quienes cumplieron cabalmente con la frase que Cervantes le hace decir
al Quijote: “por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la
vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los
hombres”.
Finalmente, este atentado debe constituir el parte aguas
definitivo para los musulmanes de Francia y del mundo que seguramente ansían la
paz y vivir según el modo de vida occidental, de rechazar este crimen y
distinguirse de una vez de los grupos terroristas que merecen toda la severidad
penal y militar que corresponda. Su cada vez más peligroso silencio incrementa
los temores del resto de la sociedad civilizada, alimenta los votos y los
argumentos de los nacionalistas europeos y de otras latitudes que harán lo
indecible para expulsarlos de sus países, y justifica, en particular, la
desconfianza de que el Islam inicie un proceso de secularización como lo han
hecho otras religiones. Así, para poder convivir civilizadamente, católicos,
musulmanes, ateos, todos, como en el poema de Eluard, debemos escribir tu
nombre, libertad, para realizarla y ejercerla. Ojalá así sea.
El autor es escritor, poeta y abogado peruano. Ex Presidente de la
Red Liberal de América Latina. Autor de Sentido liberal y otras publicaciones.
En
cuanto es un disparo a sangre fría al corazón de nuestra libertad,
rechazar enérgicamente este acto vesánico es el primero de muchos pasos
para garantizar la supervivencia del estado de derecho y el régimen
democrático en nuestros países. Y no sólo los deben dar los gobiernos
que garantizan nuestra vida y seguridad, persiguiendo, enjuiciando y
encarcelando con el máximo rigor a quienes, como los terroristas de
París, tienen como propósito de vida destruirnos si no comulgamos con su
proyecto teocrático. También, las empresas, los medios de comunicación,
los líderes y organizaciones sociales y culturales, entre otros, que no
deben ser presas del pánico y autocensurarse por temor a la violencia
islamista: se volverían rehenes de estos extremistas, acabarían con la
libertad de expresión que tanto costó en occidente, y que millares han
respaldado en calles y plazas estos días, pero sobre todo deshonrarían
el legado de los redactores y caricaturistas de Charlie Hebdo, quienes
cumplieron cabalmente con la frase que Cervantes le hace decir al
Quijote: “por la libertad así como por la honra se puede y debe
aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal
que puede venir a los hombres”. - See more at:
http://www.blogcyh.com/2015/01/escribo-tu-nombre-libertad-el-atentado.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FicuBD+%28CATARSIS+Y+HARAKIRI%29#sthash.zlM6NVLE.dpuf
En
cuanto es un disparo a sangre fría al corazón de nuestra libertad,
rechazar enérgicamente este acto vesánico es el primero de muchos pasos
para garantizar la supervivencia del estado de derecho y el régimen
democrático en nuestros países. Y no sólo los deben dar los gobiernos
que garantizan nuestra vida y seguridad, persiguiendo, enjuiciando y
encarcelando con el máximo rigor a quienes, como los terroristas de
París, tienen como propósito de vida destruirnos si no comulgamos con su
proyecto teocrático. También, las empresas, los medios de comunicación,
los líderes y organizaciones sociales y culturales, entre otros, que no
deben ser presas del pánico y autocensurarse por temor a la violencia
islamista: se volverían rehenes de estos extremistas, acabarían con la
libertad de expresión que tanto costó en occidente, y que millares han
respaldado en calles y plazas estos días, pero sobre todo deshonrarían
el legado de los redactores y caricaturistas de Charlie Hebdo, quienes
cumplieron cabalmente con la frase que Cervantes le hace decir al
Quijote: “por la libertad así como por la honra se puede y debe
aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal
que puede venir a los hombres”. - See more at:
http://www.blogcyh.com/2015/01/escribo-tu-nombre-libertad-el-atentado.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FicuBD+%28CATARSIS+Y+HARAKIRI%29#sthash.zlM6NVLE.dpuf
En
cuanto es un disparo a sangre fría al corazón de nuestra libertad,
rechazar enérgicamente este acto vesánico es el primero de muchos pasos
para garantizar la supervivencia del estado de derecho y el régimen
democrático en nuestros países. Y no sólo los deben dar los gobiernos
que garantizan nuestra vida y seguridad, persiguiendo, enjuiciando y
encarcelando con el máximo rigor a quienes, como los terroristas de
París, tienen como propósito de vida destruirnos si no comulgamos con su
proyecto teocrático. También, las empresas, los medios de comunicación,
los líderes y organizaciones sociales y culturales, entre otros, que no
deben ser presas del pánico y autocensurarse por temor a la violencia
islamista: se volverían rehenes de estos extremistas, acabarían con la
libertad de expresión que tanto costó en occidente, y que millares han
respaldado en calles y plazas estos días, pero sobre todo deshonrarían
el legado de los redactores y caricaturistas de Charlie Hebdo, quienes
cumplieron cabalmente con la frase que Cervantes le hace decir al
Quijote: “por la libertad así como por la honra se puede y debe
aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal
que puede venir a los hombres”. - See more at:
http://www.blogcyh.com/2015/01/escribo-tu-nombre-libertad-el-atentado.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FicuBD+%28CATARSIS+Y+HARAKIRI%29#sthash.zlM6NVLE.dpufhttp://www.blogcyh.com/2015/01/escribo-tu-nombre-libertad-el-atentado.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FicuBD+%28CATARSIS+Y+HARAKIRI%29
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Posted: 17 Jan 2015 01:10 PM PST
Por: Héctor Ñaupari
Fuente: El Instituto
Independiente
En estos difíciles
momentos, cuando el olor de la pólvora y la sangre del aberrante atentado de
París no se han disipado del todo, resulta indispensable hallar una respuesta
enérgica ante la brutalidad de este crimen, así como aliviar las
repercusiones que este nefasto hecho tendrá en occidente.
Sostengo que es
posible evaluar con realismo la magnitud de estos homicidios si consideramos
a la libertad como el bien político más elevado, y explicar debidamente su
significación en los términos de su expresión intelectual más acabada, el
liberalismo. De esta manera, los periodistas y caricaturistas asesinados en
Francia han muerto en nombre de una libertad insustituible, que nos interpela
siempre a quienes habitamos en las sociedades generadas y nutridas por ella:
la de creer lo que mejor les parezca, realizando sus proyectos de vida en
torno a esas creencias y pareceres particulares, y que se proyectan en los
demás en torno a un marco institucional que, respetando y haciendo respetar
al prójimo y sus derechos, no contempla el crimen como respuesta si tales
creencias y su expresión resultan blasfemas a otros.
Así explicado, se
intuiría a primera vista que esa visión no entraña ningún peligro. Pero este
acto barbárico nos ha sacado de nuestra zona de confort. Cual un alarido que
no cesa, nos grita de forma rotunda que la libertad y su solo ejercicio es
peligrosa para muchos, que hay millones de seres humanos convencidos de ello
y por ende prefieren –sin dudarlo un instante– la devota sumisión como la
agradecida esclavitud, que no surge naturalmente, que es resultado de un
delicado y paciente trabajo de filigrana, que en cada momento es posible
perderla sin recuperarla o lográndolo a un altísimo costo y que está
permanentemente a merced de quienes, saturados como están de sus ímpetus
autoritarios, van a terminar de una vez y para siempre con ella mediante una
revolución, un golpe de Estado, una corrupción sin freno ni límite, o, según
este caso, ejerciendo el terrorismo como antesala para imponer un
totalitarismo religioso de fervorosos feligreses en lo que alguna vez fuera
una república democrática de ciudadanos libres.
En cuanto es un
disparo a sangre fría al corazón de nuestra libertad, rechazar enérgicamente
este acto vesánico es el primero de muchos pasos para garantizar la
supervivencia del estado de derecho y el régimen democrático en nuestros
países. Y no sólo los deben dar los gobiernos que garantizan nuestra vida y
seguridad, persiguiendo, enjuiciando y encarcelando con el máximo rigor a
quienes, como los terroristas de París, tienen como propósito de vida
destruirnos si no comulgamos con su proyecto teocrático. También, las
empresas, los medios de comunicación, los líderes y organizaciones sociales y
culturales, entre otros, que no deben ser presas del pánico y autocensurarse
por temor a la violencia islamista: se volverían rehenes de estos
extremistas, acabarían con la libertad de expresión que tanto costó en
occidente, y que millares han respaldado en calles y plazas estos días, pero
sobre todo deshonrarían el legado de los redactores y caricaturistas de
Charlie Hebdo, quienes cumplieron cabalmente con la frase que Cervantes le
hace decir al Quijote: “por la libertad así como por la honra se puede y debe
aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que
puede venir a los hombres”.
Finalmente, este
atentado debe constituir el parte aguas definitivo para los musulmanes de
Francia y del mundo que seguramente ansían la paz y vivir según el modo de
vida occidental, de rechazar este crimen y distinguirse de una vez de los
grupos terroristas que merecen toda la severidad penal y militar que
corresponda. Su cada vez más peligroso silencio incrementa los temores del
resto de la sociedad civilizada, alimenta los votos y los argumentos de los
nacionalistas europeos y de otras latitudes que harán lo indecible para
expulsarlos de sus países, y justifica, en particular, la desconfianza de que
el Islam inicie un proceso de secularización como lo han hecho otras
religiones. Así, para poder convivir civilizadamente, católicos, musulmanes,
ateos, todos, como en el poema de Eluard, debemos escribir tu nombre,
libertad, para realizarla y ejercerla. Ojalá así sea.
El autor es escritor,
poeta y abogado peruano. Ex Presidente de la Red Liberal de América Latina.
Autor de Sentido liberal y otras publicaciones.
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Posted: 17 Jan 2015 01:10 PM PST
Por: Héctor Ñaupari
Fuente: El Instituto
Independiente
En estos difíciles
momentos, cuando el olor de la pólvora y la sangre del aberrante atentado de
París no se han disipado del todo, resulta indispensable hallar una respuesta
enérgica ante la brutalidad de este crimen, así como aliviar las
repercusiones que este nefasto hecho tendrá en occidente.
Sostengo que es
posible evaluar con realismo la magnitud de estos homicidios si consideramos
a la libertad como el bien político más elevado, y explicar debidamente su
significación en los términos de su expresión intelectual más acabada, el
liberalismo. De esta manera, los periodistas y caricaturistas asesinados en
Francia han muerto en nombre de una libertad insustituible, que nos interpela
siempre a quienes habitamos en las sociedades generadas y nutridas por ella:
la de creer lo que mejor les parezca, realizando sus proyectos de vida en
torno a esas creencias y pareceres particulares, y que se proyectan en los
demás en torno a un marco institucional que, respetando y haciendo respetar
al prójimo y sus derechos, no contempla el crimen como respuesta si tales
creencias y su expresión resultan blasfemas a otros.
Así explicado, se
intuiría a primera vista que esa visión no entraña ningún peligro. Pero este
acto barbárico nos ha sacado de nuestra zona de confort. Cual un alarido que
no cesa, nos grita de forma rotunda que la libertad y su solo ejercicio es
peligrosa para muchos, que hay millones de seres humanos convencidos de ello
y por ende prefieren –sin dudarlo un instante– la devota sumisión como la
agradecida esclavitud, que no surge naturalmente, que es resultado de un
delicado y paciente trabajo de filigrana, que en cada momento es posible
perderla sin recuperarla o lográndolo a un altísimo costo y que está
permanentemente a merced de quienes, saturados como están de sus ímpetus
autoritarios, van a terminar de una vez y para siempre con ella mediante una
revolución, un golpe de Estado, una corrupción sin freno ni límite, o, según
este caso, ejerciendo el terrorismo como antesala para imponer un
totalitarismo religioso de fervorosos feligreses en lo que alguna vez fuera
una república democrática de ciudadanos libres.
En cuanto es un
disparo a sangre fría al corazón de nuestra libertad, rechazar enérgicamente
este acto vesánico es el primero de muchos pasos para garantizar la
supervivencia del estado de derecho y el régimen democrático en nuestros
países. Y no sólo los deben dar los gobiernos que garantizan nuestra vida y
seguridad, persiguiendo, enjuiciando y encarcelando con el máximo rigor a
quienes, como los terroristas de París, tienen como propósito de vida
destruirnos si no comulgamos con su proyecto teocrático. También, las
empresas, los medios de comunicación, los líderes y organizaciones sociales y
culturales, entre otros, que no deben ser presas del pánico y autocensurarse
por temor a la violencia islamista: se volverían rehenes de estos
extremistas, acabarían con la libertad de expresión que tanto costó en
occidente, y que millares han respaldado en calles y plazas estos días, pero
sobre todo deshonrarían el legado de los redactores y caricaturistas de
Charlie Hebdo, quienes cumplieron cabalmente con la frase que Cervantes le
hace decir al Quijote: “por la libertad así como por la honra se puede y debe
aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que
puede venir a los hombres”.
Finalmente, este
atentado debe constituir el parte aguas definitivo para los musulmanes de
Francia y del mundo que seguramente ansían la paz y vivir según el modo de
vida occidental, de rechazar este crimen y distinguirse de una vez de los
grupos terroristas que merecen toda la severidad penal y militar que
corresponda. Su cada vez más peligroso silencio incrementa los temores del
resto de la sociedad civilizada, alimenta los votos y los argumentos de los
nacionalistas europeos y de otras latitudes que harán lo indecible para
expulsarlos de sus países, y justifica, en particular, la desconfianza de que
el Islam inicie un proceso de secularización como lo han hecho otras
religiones. Así, para poder convivir civilizadamente, católicos, musulmanes,
ateos, todos, como en el poema de Eluard, debemos escribir tu nombre,
libertad, para realizarla y ejercerla. Ojalá así sea.
El autor es escritor,
poeta y abogado peruano. Ex Presidente de la Red Liberal de América Latina.
Autor de Sentido liberal y otras publicaciones.
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En
cuanto es un disparo a sangre fría al corazón de nuestra libertad,
rechazar enérgicamente este acto vesánico es el primero de muchos pasos
para garantizar la supervivencia del estado de derecho y el régimen
democrático en nuestros países. Y no sólo los deben dar los gobiernos
que garantizan nuestra vida y seguridad, persiguiendo, enjuiciando y
encarcelando con el máximo rigor a quienes, como los terroristas de
París, tienen como propósito de vida destruirnos si no comulgamos con su
proyecto teocrático. También, las empresas, los medios de comunicación,
los líderes y organizaciones sociales y culturales, entre otros, que no
deben ser presas del pánico y autocensurarse por temor a la violencia
islamista: se volverían rehenes de estos extremistas, acabarían con la
libertad de expresión que tanto costó en occidente, y que millares han
respaldado en calles y plazas estos días, pero sobre todo deshonrarían
el legado de los redactores y caricaturistas de Charlie Hebdo, quienes
cumplieron cabalmente con la frase que Cervantes le hace decir al
Quijote: “por la libertad así como por la honra se puede y debe
aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal
que puede venir a los hombres”. - See more at:
http://www.blogcyh.com/2015/01/escribo-tu-nombre-libertad-el-atentado.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+blogspot%2FicuBD+%28CATARSIS+Y+HARAKIRI%29#sthash.zlM6NVLE.dpuf
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cuanto es un disparo a sangre fría al corazón de nuestra libertad,
rechazar enérgicamente este acto vesánico es el primero de muchos pasos
para garantizar la supervivencia del estado de derecho y el régimen
democrático en nuestros países. Y no sólo los deben dar los gobiernos
que garantizan nuestra vida y seguridad, persiguiendo, enjuiciando y
encarcelando con el máximo rigor a quienes, como los terroristas de
París, tienen como propósito de vida destruirnos si no comulgamos con su
proyecto teocrático. También, las empresas, los medios de comunicación,
los líderes y organizaciones sociales y culturales, entre otros, que no
deben ser presas del pánico y autocensurarse por temor a la violencia
islamista: se volverían rehenes de estos extremistas, acabarían con la
libertad de expresión que tanto costó en occidente, y que millares han
respaldado en calles y plazas estos días, pero sobre todo deshonrarían
el legado de los redactores y caricaturistas de Charlie Hebdo, quienes
cumplieron cabalmente con la frase que Cervantes le hace decir al
Quijote: “por la libertad así como por la honra se puede y debe
aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal
que puede venir a los hombres”. - See more at:
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