Por MARÍA
PAZ GIAMBASTIANI
O desmovilizados o lentos
para una reacción importante o abúlicos respecto de lo que importa o
incapacitados para asumir el rol de ciudadanos: "Argentinos y españoles:
no vale con ir a votar cuando toca. Son nuestros representantes, parte de
nuestro trabajo como ciudadanos es manifestar nuestra opinión, nuestra
disconformidad o conformidad. Somos hacedores de nuestro gobierno, responsables
de nuestras elecciones y de nuestra falta de compromiso. Por eso ante esta
reacción o pasividad que de alguna manera compartimos ambos países, me lleva a
estar convencida que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, por
convicción o por silenciosa complicidad", recuerda la autora, periodista
argentina residente en España.
España y Argentina están unidas por la historia, pasada y
presente, así como por algunas cuestiones más que me gustaría abordar en este
espacio, similitudes que vislumbré a partir de los últimos acontecimientos.
La sociedad de uno y otro lado del océano,
funcionan parecidas ante los acontecimientos que violan sus derechos
fundamentales. No sé si esta inoperancia es consecuencia del hecho de ser
jóvenes en cuanto al ejercicio democrático, unos 30 años y poco más.
Por marcar dos hitos cercanos en el tiempo, me
remitiré en mi análisis a dos hechos contundentes en la historia de uno y otro.
Por un lado, en
España, la aprobación de la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana,
más conocida como la ley
mordaza, una ley que limita los derechos fundamentales de la
gente.
Por el otro, en
la Argentina, el caso de la muerte del fiscal general Alberto
Nisman, que promovió manifestaciones en todo el país bajo el lema "Yo soy Nisman",
en reclamo del esclarecimiento de la muerte del fiscal que investigaba el
atentado terrorista contra una mutual judía y que había acusado a la presidenta
Cristina Fernández de una maniobra para encubrir a los supuestos responsables.
Cabe recordar que Nisman fue hallado con un tiro en la cabeza la madrugada del
lunes 19/01 en su departamento de Buenos Aires, horas antes de una cita en el
Congreso en la que tenía previsto dar detalles de la acusación contra la
presidenta de la Nación.
La
gravedad de ambos acontecimientos, que nos afectan a todas y todos- para la
sociedad y la vida democrática de un país, está más que claro, sin embargo la
inmovilización social es otro de los hechos que comparten ambas sociedades, en
beneficio de sus gobernantes.
¿A qué se debe este comportamiento? Nos quejamos que los
niños y niñas están obnubilados ante la tele, la play o la tablet, mientras que
los adultos estamos constantemente pendientes del Whatsapp, Twitter, Instagram,
Facebook, en fin las redes sociales. La tecnología aporta constantes novedades
a la humanidad, y beneficios, aunque también un cambio de comportamiento. Esta
forma de comunicarnos también incide en nuestro presente y futuro.
¿De
qué sirve quejarse a través de las redes sociales si ante la convocatoria de
una manifestación, en la que la unión hace la fuerza, nos quedamos cómodamente
en nuestras casas? De este modo, si la queja, la demanda, queda
en un espacio cerrado aunque sea público, no sirve, o por lo menos no consigue
el mismo impacto.
Ante la muerte –asesinato- de Alberto Nisman me
consternó la noticia, así como el hecho de comprobar que en Argentina sigue
habiendo una justicia comprada por el más fuerte, por el poder, y que de
independencia nada de nada.
En España con el devenir de los casos de corrupción, la
defenestración del Estado de Bienestar, la restricción de los derechos
fundamentales, también estamos dirigiéndonos hacia una ruleta rusa, en la que
nuevamente el poder tendrá la última y casi única palabra.
Argentinos y españoles: no vale con ir a votar cuando
toca. Son nuestros representantes, parte de nuestro trabajo como ciudadanos es
manifestar nuestra opinión, nuestra disconformidad o conformidad.
Somos
hacedores de nuestro gobierno, responsables de nuestras elecciones y de nuestra
falta de compromiso. Por eso, ante esta reacción o pasividad
que de alguna manera compartimos ambos países, me lleva a estar convencida que
“cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, por convicción o por silenciosa
complicidad.
Ante
la votación, en España, a favor de la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana,
fuimos pocos los que manifestamos nuestro desacuerdo y conste que vivimos 46
millones de personas, y lo mismo pasó con el caso Nisman en la Argentina,
en comparación con la gravedad de la situación y las grandes movilizaciones de
2013: a las convocatorias acudió poca gente (en el caso argentino, quizá el
verano austral o las escasas horas hasta la organización del evento).
Lamentable pero real.
En
ambos casos las libertades de las y los ciudadanos están en juego, la
corrupción ante nuestra desidia campa a sus anchas, y el futuro que nos depara,
ante este comportamiento, no es prometedor.
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