sábado, 31 de enero de 2015

CARTA ABIERTA DEL PUEBLO ARGENTINO AL GENERAL PERÓN



CARTA ABIERTA DEL PUEBLO ARGENTINO AL GENERAL PERÓN

          Hay momentos cruciales en que es mejor, de una vez por todas, poner las cartas boca arriba sobre la mesa. ¿No te parece que ya es hora de que hablemos claro? De lo contrario podríamos creer que todavía continúas engañando.

          Pues bien: no engañas. Ya no engañas a nadie. Y menos aún a este pueblo que con tanta falsedad invocas. Porque tu gran recurso es la palabra “PUEBLO”. Detrás de ella, ¡cuántas miserias ocultas! Es la bandera que enarbolas en el mástil de tu astucia para distraer la atención de las mercancías averiadas que abarrotan tus bodegas.

          El Pueblo manda, dices. ¿Acaso el pueblo te ordena que estés rodeado de incompetentes y ladrones? ¿Te pide el Pueblo que arranques de los niños la fe en Dios que dignifica y la reemplaces por una adulación a tu persona, que degrada y envilece? ¿Te pide el Pueblo que le quites jornales de unos salarios cada día más insuficientes, para que tu efigie de ególatra se levante en mármol, en bronce, en oro, en arcos de triunfo y en monumentos gigantescos, por todo el ámbito del país?

          ¿No crees que el Pueblo preferiría que el cemento empleado para ensalzar tu vanidad sirviera para hacer transitables las calles de la ciudad, o para evitar que muchos caminos del país sean otras tantas rutas de muerte? ¿No crees que si hubiera menos mármol en tus estatuas, y menos dinero en tu cuenta particular en los bancos de Suiza o Nueva York, podría haber más remedios en los hospitales?

          ¿Es quizás el Pueblo el que pide que periódicamente organices atentados y “complots”, exponiendo la vida de pobres gentes para avivar un poco una popularidad que se extingue? ¿Acaso te pide el Pueblo que te dirijas como un “padre” a la juventud, y corrompas a tus elegidas con dádivas fastuosas, propias de las que hacen los gangsters a sus queridas, mientras sube la vida para el resto de la población, se multiplica el costo de los teléfonos y el precio de los transportes amenaza irse a las nubes?

          NO. Ese “pueblo” que invocas como bandera no es el pueblo argentino. Es un pretexto para tu sensualidad, una falsa bandera de pirata.

          El verdadero Pueblo es el que no te permitirá que después de haber sido engañado una vez oyéndote hablar de soberanía e independencia económica, lo vuelvas a engañar ahora con persecuciones clericales para disimular la entrega del patrimonio nacional, del petróleo, del subsuelo del país y de sus lugares estratégicos, con el fin de mantenerte unos días más sobre un sitial que ya consume la carcoma.

          “Son los mismos adversarios de siempre”, gritas intranquilo al oír estas razones. ¡Cuánto te equivocas! – si es que en realidad te equivocas… No, no son los mismos. No son los de siempre. Ahora son todos aquellos que han descubierto tu mentira los que te rechazan. Es este Pueblo noble que engañaste con palabras aparentemente nobles.

          Son los obreros traicionados por una oligarquía sindical que goza de tu favor en la medida en que aumenta su fortuna y sus vicios. Son los jóvenes que están dispuestos a demostrarte que su conciencia no se compra con autos y motonetas, ni su patriotismo se apaga con carne de prostíbulo. Es toda esa gente honrada del país que tantas veces creyó que eras sincero cuando hablabas de principios cristianos y de amor a una Patria que hoy humillas.

          Son los hombres honrados que manifiestan con tristeza su desengaño, porque has llevado lo más oscuro del hampa a tus diarios para que te canten loas y organicen la mentira como sistema. Son las mujeres honradas a las que has ofendido dándoles como representantes en el Parlamento a mujerzuelas rejuntadas en lupanares.

          Son los militares dignos, que ven con vergüenza al más alto uniforme servir como pantalla de todas las bajezas. Es, en fin, todo el Pueblo Argentino, trabajador y sufrido, honrado y leal, el que hoy te repudia.

          El Primero de Mayo de 1955 murió en la Plaza de Mayo tu sueño de eterna popularidad y de perpetuo halago de pobre criatura ensoberbecida. En esa ocasión el Pueblo Argentino hizo presente su rechazo con su frialdad, con su silencio, y sobre todo con su ausencia.

          La Nación entera ha registrado tu fracaso, y no lo ha de callar. No tiene por qué callarlo. Y ya que te molestas, según repites, que se predique resignación, no te inquietes esta vez, porque no habrá tal resignación, tenlo por seguro, de un extremo al otro del país. Porque el Pueblo Argentino no confunde, como tú, la resignación cristiana que ennoblece, con la humillación a que tú obligas, valiéndote del miedo y de la amenaza.

          Por lo tanto, te advierte el Pueblo Argentino, que desde ahora está dispuesto con serenidad y entereza, a salvar el honor de la NACIÓN, desafiando tu “¡CUIDADO!” de matón en decadencia.
EL PUEBLO ARGENTINO


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