sábado, 10 de enero de 2015

Ante el fanatismo religioso, más democracia



La declaración de La Gran Mezquita de París condena "el ataque terrorista de violencia excepcional contra la revista Charlie Hebdo", considerándolo "un acto de barbarie de extrema gravedad y un ataque contra la democracia y la libertad de prensa".
 Precisamente, el comunicado de la Gran Mezquita de París remarca un punto fundamental: el asesinato de doce personas no es sólo un ataque a individuos y a la libertad de prensa: es un ataque a la democracia misma. Y, en el siglo XXI, la amenaza del terrorismo islámico a la democracia no es un suceso aislado.
Hace falta vivir de manera intensa nuestra forma de gobierno, asumiendo que la democracia es una causa que puede llegar a desaparecer. Por eso hay que expresarse y movilizarse intensamente en su defensa. Siempre existe la tentación de cerrarse sobre intereses particulares, pero es momento de defender los valores básicos de la democracia como la gran causa colectiva que nos permite vivir en comunidad y de la que son partes no negociables la libertad religiosa y las libertades de asociación, movimiento, expresión, disenso y crítica.

Ahí están expresados algunos de los valores más enaltecedores de lo humano. Los ladrillos básicos no sólo de la convivencia en diferencia, sino de la fraternidad en diferencia, que no pertenecen a ninguna religión y que por ende pertenecen a todas.

Es esperanzador que el miércoles los franceses hayan colmado las calles de su país no bajo las temidas consignas islamofóbicas sino bajo la bandera de la defensa de la libertad de expresión. Es un gran ejemplo de la intensidad democrática que representa la mejor respuesta ante estos brutales acontecimientos. Si no lo hacemos, si no enarbolamos la causa democrática, corremos el peligro de cumplir con la profecía del poeta irlandés William Butler Yeats en su poema "La segunda venida": 

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