por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
La muerte del fiscal especial de la Causa AMIA, Alberto
Nisman, fue 'necesaria'. Lamentablemente, sin su
fallecimiento, sus denuncias hubieran quedado como un escándalo más de la
Administración de Cristina Fernández. Sin embargo, la gravedad
institucional que implica para la sociedad argentina el triste desenlace
terminan de confirmar, para aquellos que aún no lo creían, que el
kirchnerismo ha sido un régimen que colocó al país en su nivel más bajo
institucionalidad y legalidad desde el regreso de la democracia.
Ya no sirve usar los derechos humanos, tampoco hay relato,
ni marketing político, ni operación de contrainteligencia que pueda borra de
los libros de historia que el fiscal que denunció que el Gobierno de Cristina
Fernández canjeó impunidad a los culpables del atentado contra la AMIA por
dinero, tal como implican las compras de gas que se habrían triangulado durante
toda la “Década Ganada”, se “habría suicidado” horas antes de
concurrir al Congreso de la Nación para revelar nuevas pruebas que sustentaban
sus acusaciones.
Es grave lo que voy a expresar pero no importa si Alberto
Nisman se suicidó, si fue “suicidado” o si fue impulsado al suicidio.
La muerte trágica del fiscal de la Causa AMIA muestran hasta qué punto
puede llevar la situación Cristina Fernández en su tarea de “limpiar
el camino” hacia su salida del poder.
“Vamos por todo”, dijo la Presidente de la Nación
semanas después de ser reelecta con el 54% de los votos. Es hora de que
entendamos las lecciones detrás de estas 3 palabras.
Lección 1: En las épocas modernas, extender el tiempo
que algunos gobernantes están en el poder va en contra de los principios
democráticos básicos.
Lección 2: Nunca “ancarse” en las mayorías
circunstanciales lleva a buen destino.
Lección 3: Nadie entendió claramente cuáles eran los
límites de la frase “Vamos por todo”.
Lección 4: No alcanza con “bancarse” las
consecuencias.
Lección 5: Nada de esto hubiera pasado si en la
Argentina existieran partidos políticos, poderes independientes, legisladores
con dignidad, jueces probos, fiscales profesionales, fuerzas de seguridad
confiables, medios que usan el periodismo para hacer otros negocios,
corporaciones que decidieron ser genuflexas al poder para “ganarse unos
mangos” y los ciudadanos no hubiesen convalidado todas las barbaridades
que se produjeron en este país en los últimos 50 años.
Cristina Fernández expone el modelo latinoamericano de “hiperpresidencialismo”
que impera en los gobiernos populistas regionales. Y todo poder absoluto,
corrompe absolutamente. El caso argentino fue la excepción. Además, confirma
que los “progresistas”, que tanto se han llenado la boca medio siglo
criticando los abusos de poder de los liberales y de la derecha terminaron
siendo tan fascistas como los regímenes que critican.
El viceministro de Seguridad, Sergio Berni, nunca
debería haber ingresado al departamento de Alberto Nisman. La muerte
debería haber sido investigada por la Justicia Federal. Nunca sabremos
si desaparecieron o fueron preservadas las pruebas que tenía el fiscal de la
Causa AMIA en su hogar. Jamás el fallecido debería haber sido “abandonado”
por los 5 custodios que tenía por turno. Pero eso ya no
importa.
Alberto Nisman ya está muerto. Nunca se esclarecerá
su fallecimiento, tal como no se han esclarecido otros casos
resonantes en los últimos 30 años en la Argentina. De la clase política podemos
esperar poco y nada. Este caso no es la excepción. Sólo nos queda la fe en la
democracia y en la Justicia, que sus denuncias serán investigadas, pero casi
seguro no será así. Pero de fe no se puede vivir.
Podemos sacar 100 lecciones de los últimos 5 días. Aún no es
tiempo. Todavía debemos “caer” en la gravedad de los hechos que hemos
vivido. Todavía debe observar cómo el Gobierno intenta recomponerse al hecho de
sangre.
Todavía no conocemos si el costo político de la muerte de
Alberto Nisman podrá ser o no pagado por Cristina Fernández. Todavía no sabemos
si el peronismo decidirá ser cómplice del kirchnerismo en esta muerte. Todavía
debemos soportar los estertores de muerte del régimen kirchnerista.
En otros países, esos “aburridos” países llamados “serios”,
casi podríamos anticipar el final. En la Argentina, no.
Si Cristina Fernández sobrevive políticamente al terremoto
político producido en la tarde-noche del domingo 18/01 será sólo porque hay
elecciones en menos de 6 meses. Si tuviera 2 años de gobierno por delante, no
lo lograría. En ese sentido, tuvo “suerte”. Pero a estas alturas, eso
ya no alcanza.
La carta que escribió o le escribieron a Cristina
Fernández sobre la muerte de Alejandro Nisman es un escándalo en sí misma.
Uno más en esta indómita cadena de escándalos. Si hubiera
instituciones, el efecto sería demoledor. Si hubiera oposición, habría
esperanza. Si a la gente, a toda la gente, le interesaba el futuro del
país, las horas de la Presidente de la Nación en el poder estarían contadas.
La muerte de Nisman está “demasiado fresca”. Las
conclusiones que uno pueda sacar son apresuradas, improvisadas, precarias. En
este caso, el tiempo, puede jugarle en contra a Cristina Fernández. Pero esto
es Argentina, luego de lo que vivimos en la madrugada del lunes 19/01, podemos
confirmar que cualquier cosa puede ocurrir hasta que el kirchnerismo deje el
poder. Cualquier cosa.
Si CFK no renuncia enseguida, y la autoridad constitucional que corresponda no convoca de inmediato a elecciones, y si su continuidad en el gobierno es tolerada por la sociedad, Argentina, habrá dejado de ser una República y su condición de satrapía populista que ahora es, se consolidará…Perderemos todo el respeto y la estima del resto de las naciones del Mundo y no tendrá sentido continuar habitando su suelo.
ResponderEliminarNo es conveniente que Cristina se retire antes o que sea presionada a que renuncie ante de finalizar su mandato.
ResponderEliminarEso sería convertirla en mártir para que después use eso para retornar en diciembre del 2019. Además, diría que "un golpe" la desplazó del poder.
Debe quedarse hasta el 10 de diciembre e irse totalmente recontra quemada y desprestigiada, y desgastada y derrotada, como en las peleas de box, que cuando van por el último round, el árbitro no suspende la pelea para salvar al perdedor declarando abandono o tirando la toalla, sino que debe decidir que siga la pelea hasta que el perdedor se desangre y termine totalmente derrotado en la lona, al finalizar los 3 minutos del round.
Así, no tendrá argumentos para volver en el 2019, que es su plan de mediano plazo.
No crear mártires pues luego usan eso como marketing para volver fortalecidos, más aún en un país de 40 millones de sensibleros y emocionales.
Acordate que cuando murió su marido Nestor, debido a la lástima que ello provocó en la masa hacia la viuda, ella subió mucho en las encuestas de imagen. Tambien subio su imagen cada vez que se enfermaba o la operaban (de la tiroides, de aquel golpe en la cabeza, etc.)
Este es un pueblo emocional y no racional, por eso no se adoptan nunca decisiones racionales y por eso nunca llegará a nada.
Ramón Frediani
Es muy interesante esta visión, y tiene fundamentos sólidos, porque como vos bien dices…”Este es un pueblo emocional y no racional, por eso no se adoptan nunca decisiones racionales y por eso nunca llegará a nada”
ResponderEliminarMi hipótesis apunta a que algo de vida republicana puede quedarnos, y puede que seamos capaces de, a partir de “ese residuo”, hacer que las instituciones funcionen aunque rengas, que lo hagan, y frente al interminable rosario de escándalos que esta mujer y sus secuaces han acumulado en estos 12 años de usurpación del poder, que la sociedad abra los ojos.
Me dirás que esto también puede hacerse cumpliendo ella su mandato, sí es cierto, pero se trataría entonces de no darle más chances a que siga destruyendo desde su inmoral inescrupulosidad sin límites , como lo ha, y lo viene demostrado.