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IDESA - 1º de febrero de 2015
- Número 585
ARGENTINA ENTRE LOS PAÍSES MENOS COMPETITIVOS DE LA REGIÓN
Las comparaciones internacionales, aunque no
dejan de estar teñidas de subjetividad, son útiles para aproximar el lugar
de un país en el mundo globalizado. Un ejemplo concreto son los indicadores
que miden la competitividad. En este aspecto, la Argentina ha pasado desde
una posición de liderazgo a quedar rezagada en la región de Sudamérica. Las
razones se encuentran en varios aspectos relativos a sus instituciones y a
la calidad de sus intervenciones estatales que la ubican al nivel de los
países más atrasados del planeta.
La competitividad refleja la capacidad de la población para producir bienes
y servicios de alta calidad al más bajo costo. Tiene suma importancia
social ya que a
mayor competitividad aumenta la capacidad para crear empleos de calidad con
altos salarios reales y el financiamiento para sustentar un Estado de
bienestar moderno, universal y equitativo. Por eso, la
competitividad es un tema recurrente en las agendas políticas de los países
interesados en mejorar la calidad de vida de su población.
Medir la competitividad es tarea compleja. Uno de los indicadores más
utilizados es el “Indice
de Competitividad Global” que elabora el Foro Económico
Mundial, una fundación con sede en Ginebra conocida por sus asambleas
anuales llamadas “Foro de Davos”. El índice mide la competitividad en base
a 12 pilares: instituciones, infraestructura, entorno macroeconómico, salud
y educación primaria, educación superior, eficiencia del mercado de bienes,
eficiencia del mercado de trabajo, desarrollo del mercado financiero,
disponibilidad tecnológica, tamaño de mercado, sofisticación de los
negocios e innovación.
El índice se aplica sobre 144
países y cuantifica la competitividad en una escala de 1 a
7. Suiza está a la cabeza con 5,7 puntos y Guinea en el último puesto con
2,8 puntos. Sudamérica tiene un puntaje promedio de 4,0 y al interior
de la región se observa que:
- El liderazgo en competitividad lo
detenta Chile
(4,6).
- En un nivel intermedio aparecen Brasil (4,3),
Perú
(4,2), Colombia
(4,2) y Uruguay
(4,0).
- Bajo el promedio aparecen Argentina
(3,8), Bolivia
(3,8), Paraguay
(3,6) y Venezuela
(3,3).
Estos datos muestran que en la región de Sudamérica prevalece
una gran dispersión de niveles de competitividad. Lo más llamativo es que
la Argentina aparece muy por debajo de países que en el pasado la supieron
mirar como ejemplo a imitar, como son los casos de Chile, Perú o Colombia.
Actualmente, la
Argentina se ubica entre los países menos competitivos de la región
Obviamente que este índice no es una medición precisa y se encuentra
cargada con el sesgo de estar elaborado en base a encuestas a gente de
negocios de cada país. Aunque se trata de un sector minoritario de la
población, sus apreciaciones son relevantes porque tienden a reflejar la
opinión de quienes toman las decisiones de inversión. Por eso, no es casualidad que se observe
una alta correlación entre la posición en el índice y el nivel de
desarrollo. Así como el promedio para Sudamérica es de 4,0, la media para
Europa es de 4,8
y para África de 3,6.
El informe también sugiere que la
baja competitividad de la Argentina está fuertemente asociada a baja
calidad de las intervenciones del Estado. Entre los 144
países evaluados, la Argentina aparece en los últimos lugares en temas como
desviación de fondos públicos, favoritismo en las decisiones de los
funcionarios estatales, derroche de gasto público, obstáculos de las
regulaciones, falta de transparencia en los actos de gobierno, barreras al
comercio, obstáculos a la inversión extranjera y trabas al comercio
exterior. No menos importantes como factor de reducción de la
competitividad son las regulaciones sobre el mercado de trabajo
destacándose la baja cooperación entre sindicatos y empleadores, altos impuestos
al trabajo y pagos divorciados de la productividad. En sentido contrario,
donde mejor califica es en matrícula de la educación superior, calidad de
sus escuelas de negocios e instituciones científicas, y sofisticación de
los procesos de producción.
Estos datos, como muchos otros que surgen de la comparación internacional,
alertan sobre la importancia de
no subestimar el nivel de degradación institucional en el que ha caído la
Argentina. Un cambio de gobierno por sí sólo no alcanzará
para recomponer el deterioro acumulado. Se necesitará mucho profesionalismo
para la formulación de las políticas y mucha capacidad y audacia política a
fin de lograr los consensos necesarios para derrotar a los intereses
espurios enquistados en el Estado.
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