El Dr. Jorge Gentile, conocido, prestigiado y académico
constitucionalista de Córdoba, escribe esta nota para La Voz del Interior, con
una postura en la que coincido.
Para mí no vale la posición que aduce que esta estrategia sería
victimizar a este gobierno y darla la posibilidad de que vuelva como héroe; lo
que corresponde desde el Derecho y la República es el Juicio Político, dándole
espacio así a las instituciones de la Constitución y abreviando, el daño que a
esta altura ya es inmedible, que esta encarnadura mafiosa del poder político le
está infringiendo a la sociedad y al futuro de la Nación.
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El encubrimiento de Cristina y de Timerman
La oposición tiene la responsabilidad de plantear el juicio
político, y el oficialismo, de no impedirlo. Omitirlo sería reincidir en una
negativa similar a la que se produjo con el caso del vicepresidente Amado
Boudou.
Por Jorge
Horacio Gentile*- La Voz -11/02/2015
La denuncia de Alberto
Nisman a la presidenta Cristina Fernández y a su canciller Héctor Timerman,
con un amplio ofrecimiento de pruebas –que Aníbal Fernández descalifica como
“endebles”–, debió ser acompañada con la presentación de un pedido de juicio
político ante la Cámara de Diputados de la Nación.
Es posible fundar
dicho pedido en los supuestos “delitos de encubrimiento por favorecimiento
personal agravado, impedimento o estorbo del acto funcional e incumplimiento
de los deberes de funcionario publico (artículos 277, incisos 1 y 3; 241,
inciso 2, y 248 del Código Penal), que se describen y fundan en las 289 hojas
del escrito de denuncia del fiscal, y/o por el “mal desempeño” en que habrían
incurrido dichos funcionarios.
Recordemos que se los
denuncia por negociar de forma clandestina con Irán, a partir de septiembre
de 2012 en Alepo –Siria–, y luego firmar en 2013 un memorando con el gobierno
de aquel país, protector de los supuestos terroristas que atentaron contra la
Amia el 18 de julio de 1994. La Justicia argentina no puede indagar y juzgar
a esos sospechosos, por la negativa del gobierno iraní a extraditarlos.
Además, en 2006 el
fiscal general de Irán, Ghorbanali Dori-Najafabadi, instó al fiscal de
Teherán, Said Mortazavi, a emitir una orden de arresto internacional contra
el fiscal Nisman, lo que muestra la hostilidad del país con el que se acordó.
El gran giro político
El juicio político,
más allá de las mayorías con que el oficialismo cuenta para rechazarlo en el
Congreso, tiene su razón de ser en el absurdo giro político que hicieron los
acusados, al pactar con el gobierno responsable del atentado.
Ello es tan absurdo
como “si Obama lo hubiera llamado a Bin Laden para resolver el problema de
las Torres Gemelas”, como bien lo señaló Patricia Bullrich.
Durante la presidencia
de Néstor Kirchner, la acusación contra Irán no se puso en duda, pero ello
cambió –según explica Nisman–cuando Cristina llega al poder y negocia y firma
el memorando.
Según el fiscal, en
2006, después del pedido de captura internacional que el juez Rodolfo
Canicoba Corral dictó sobre ocho iraníes y un libanés acusados de haber
organizado el atentado, “el entonces subsecretario nacional de Tierras para
el Hábitat Social, señor Luis D’Elía” criticó la medida y organizó una marcha
de rechazo.
Nisman afirma que,
“según trascendió, la protesta en repudio a la decisión de la Justicia
argentina, llevada a cabo en la embajada de Irán y liderada por D’Elía –con participación
del referente de Irán en Argentina, Jorge Alejandro ‘Yussuf’ Khalil– había
sido incitada por el entonces embajador de Venezuela en Buenos Aires, Roger
Capella”.
Y sigue: “Este
diplomático venezolano estaba estrechamente vinculado con Teherán y, ya
desde aquellos años, favorecía la relación con Irán, los imputados iraníes
por el caso Amia y ciertos referentes locales, como Luis D’Elía y Fernando
Esteche”.
Por eso, el fiscal
acusa también a D’Elía y Esteche de encubrir la investigación del atentado,
al igual que el diputado Andrés “Cuervo” Larroque, Timerman y la Presidenta.
La protesta incitada
por Capella y organizada por D’Elía “motivó que el expresidente Kirchner
removiera inmediatamente a Luis D’Elía de su cargo en el Ejecutivo Nacional,
al tiempo que se comunicó con su par de Venezuela, Hugo Chávez, quien a los
pocos días hizo cesar la misión diplomática del embajador Capella en
Argentina”.
Nisman dice, además,
que “durante su estadía en Argentina, el embajador Roger Capella trabó una
aceitada relación con distintas agrupaciones sociales argentinas, financiando
a referentes como Luis D’Elía y Fernando Esteche con viajes, becas y otros
recursos”.
La voltereta política
de Venezuela de aliarse con Irán –país que amenazaba con construir armas
atómicas–, seguida por Cristina, aspiraba a volver a la “guerra fría” y
crearle a EE.UU., y a su aliado Israel, una oposición internacional similar a
la de la URSS antes de
la caída del Muro de Berlín. Este giro se
frustró por el cambio de gobierno en Irán y con la muerte de Hugo Chávez.
El memorando no fue
aprobado por el parlamento de Irán, cuyo nuevo presidente comenzó a negociar
con EE.UU. el tema nuclear. Y con ello se desvaneció la peregrina idea de
resucitar la “guerra fría”, pero produjo el “impedimento o estorbo”,
denunciado en la causa de la Amia, y le costó la vida al valiente fiscal.
Responsabilidades
Dicha muerte –más allá
de los resultados de la investigación
que practica la
Justicia– dejará en la memoria colectiva el grave desatino que significó
incumplir el deber presidencial de no “ejercer funciones judiciales”,
impuesto por la Constitución (artículo 109). Y también de pactar con el
gobierno que se niega a extraditar a los terroristas, con el cual hasta se
podrían haber roto las relaciones diplomática por impedir traer a juicio a
los imputados que tienen orden de captura (alertas rojas)
en
Interpol.
La oposición tiene la
responsabilidad de plantear el juicio político, y el oficialismo, de no
impedirlo. Omitirlo sería reincidir en una negativa similar a la que se
produjo con el caso del vicepresidente Amado Boudou o el del juez Norberto
Oyarbide, o al designar y prestarle acuerdo al general César Milani. Todo
ello tiene un costo político que se paga en las elecciones y que será cobrado
por la memoria histórica.
*Profesor emérito de
la UNC, catedrático de Derecho Constitucional de la UCC, ex diputado de
la Nación
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