Si ha tenido la paciencia de seguir mis notas, sabrá ya cuánto
descreo de una transición pacífica mediante unas elecciones que, a esta
altura del año, debieran considerarse inminentes. Recordará,
seguramente, por qué estoy convencido que doña Cristina no entregará el
poder pero, a riesgo de ser reiterativo, las enumeraré rápidamente:
nunca ha respetado la Constitución, dispone de dinero (Ciccone y Casa de
la Moneda), de “tropa” (Vatayón Militante, Tupac Amaru, Hinchadas
Unidas, etc.), de “fierros” (han desaparecido arsenales enteros -¡hasta
un misil!- y, diariamente, ingresan armas más sofisticadas) y de drogas,
para pagar la transitoria lealtad de individuos capaces de generar un
grave caos en las calles; ahora, además, y los recientes movimientos de
la Justicia así lo acreditan, la Presidente se juega su libertad y la de
sus hijos y, al menos parcialmente, su fortuna y, sobre todo, no tiene
nadie enfrente capaz de encabezar una resistencia civil y las fuerzas
armadas serían prescindentes.
Entonces, ¿por qué cumpliría hoy las mandas constitucionales y
entregaría la banda y el bastón a un sucesor que no será, en ningún
caso, “del palo”? Conoce al peronismo desde adentro, y sabe que éste
tiene un “día de la lealtad” porque los otros 364 son de la traición, y
siempre acude en ayuda del vencedor; si, finalmente, el candidato del
FpV fuera Scioli, éste no solamente se cobrará doce años de
ininterrumpidas humillaciones sino que todo el PJ -como ya lo ha hecho
con Menem y con Duhalde- se alinearía tras él y olvidaría la década en
la que pagó con obsecuencia los cargos y prebendas recibidos.
Cuando algún lector me ha preguntado cómo imaginaba que actuaría el
kirchnerismo si mis especulaciones fueran ciertas, respondo que creo que
generará una enorme conmoción social, antes de las PASO, que le
permitiera decretar el estado de sitio y suspender las elecciones hasta
nuevo aviso; en realidad, hasta que una nueva bonanza económica
permitiera que la ciudadanía, tan sensible a lo que marca su bolsillo,
su órgano más sensible, nuevamente viera al FpV con buenos ojos,
olvidando todas las calamidades que ha producido.
Es obvio que ese eventual viento de cola no vendría, en ningún caso,
desde los países que ya observan con horror los desmanes de todo tipo
que se están produciendo en la Argentina pero sí podría llegar, ¡oh,
casualidad!, desde China que, en ese caso, tendría un horizonte más
amigable y prolongado para sus intereses aquí y para sus aspiraciones
geopolíticas globales.
En resumen, si doña Cristina consiguiera asegurar a Xi que ella o
alguien indubitablemente fiel permanecería en la Casa Rosada por un
lapso prolongado, el mandatario seguramente abrirá las canillas de ese
financiamiento que nuestro Banco Central ya necesita como una
transfusión sanguínea; todas las cifras involucradas en los convenios
firmados son, como dije, sólo monedas para una economía como la china.
Entonces, los objetivos finales no pueden ser más coincidentes pero,
dado lo escaso de los tiempos restantes, será el régimen argentino quien
deberá dar el primer paso y, por eso, considero el affaire Nisman como
sólo el inicio de lo que vendrá.http://informadorpublico.com/2015/02/09/el-amante-chino/
No hay comentarios:
Publicar un comentario