¿Habrá sido este portazo un mensaje
indirecto al respecto?
No lo sabremos nunca: sólo un
tiempo al cual ya no asistiremos, lo dirá. Mientras tanto, ante la renuncia de
este intelectual, de este profesor, de este santo, de este Santo Tomás de
nuestro tiempo, me inunda la tristeza, consolada sólo por la certeza de que
Benedicto XVI sabe lo que hace.
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